Encaramado en una colina que domina la ciudad de Cardona, el Castell de Cardona es una de las fortalezas medievales más significativas de la Península Ibérica. Sus orígenes se remontan al siglo IX, cuando el conde franco Borrell mandó construir las primeras fortificaciones para defender las minas de sal del valle —un recurso tan valioso que Cardona fue conocida como «la montaña de sal de los catalanes».
El castillo cobró importancia bajo los duques de Cardona, una de las familias nobles más poderosas de Cataluña. A lo largo de los siglos evolucionó desde una modesta torre defensiva hasta un complejo de murallas, torres, una colegiata románica (Sant Vicenç, consagrada en 1040) y una residencia palaciega. Sant Vicenç de Cardona está considerada uno de los mejores ejemplos de arquitectura románica catalana.
Durante la Guerra de Sucesión Española (1701–1714), Cardona fue uno de los últimos bastiones en resistir a las fuerzas borbónicas —capituló en septiembre de 1714, semanas después de la caída de Barcelona. El castillo fue utilizado posteriormente como prisión militar y cuartel hasta bien entrado el siglo XX.
Hoy el complejo castral alberga un Parador (hotel de gestión estatal), lo que permite pernoctar dentro de las murallas medievales. La Torre de la Minyona, la torre más antigua conservada, se dice que está habitada por el fantasma de Adalés, una joven noble que su padre encarceló allí.