La costa catalana ha sido una frontera disputada durante tres mil años. Comerciantes fenicios, legiones romanas, piratas moros, almirantes aragoneses y ejércitos napoleónicos han dejado sus huellas en el mismo litoral.
La Zuda — Tortosa morisca
La ruta comienza en el interior, en Tortosa, donde el castillo de La Zuda corona la colina sobre la ciudad vieja. Este fue el asiento del poder moro en el bajo Ebro hasta su conquista en 1148.
Tamarit — Donde empieza el mar
Tamarit se alza sobre un promontorio calcáreo donde la llanura del Ebro da paso a la Costa Daurada. La iglesia del siglo XII está mejor conservada que el torreón, y la vista desde las murallas sobre la bahía de Tarragona es una de las más hermosas de la costa.
Calafell — El castillo del mar
Más al norte, el castillo reconstruido de Calafell domina la ciudad desde una cresta que desciende hacia la playa. La reconstrucción transmite eficazmente la lógica estratégica de un puesto de vigilancia costero.
Burriac — La ciudadela olvidada
Sobre Cabrera de Mar, Burriac es una de las ruinas de castillo más importantes de la comarca del Maresme, aunque pocas visitas desde Barcelona se acercan a verla. El panorama sobre la costa es excepcional.
Tossa de Mar — Fin del recorrido
La ruta termina en Tossa de Mar, donde la única muralla medieval intacta de la Costa Brava sigue en pie. La Vila Vella es un paisaje urbano medieval completo que sobrevivió intacto al siglo XX.